Acción del Espíritu Santo en nuestras vidas
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Casa Cristo Redentor
Misioneros Redentoristas
P.O. Box 8, Aguas Buenas, PR 00703 . Tel (787) 732-5161
Misioneros Redentoristas
P.O. Box 8, Aguas Buenas, PR 00703 . Tel (787) 732-5161 | | | |
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Acción del Espíritu Santo en nuestras vidas |
| Por P. Miguel García, C.Ss.R |
Fuente: www.casacristo.com |
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| Vivir la experiencia de Pentecostés es reconocer que no podemos quedarnos “enlembao” mirando al cielo, soñando en el más allá. El verdadero cristiano es aquel que en nombre de Jesús vive comprometido con el terruño y la gente donde Dios lo ha puesto |
Se es cristiano viviendo y actuando a la manera de Jesucristo. Y no hay otra manera de vivir y actuar a la manera de Jesús a menos que el Espíritu de Jesús sea el motor de nuestra existencia. No es posible ser cristiano, especialmente en un mundo lleno de injusticias y divisiones, a menos que todo nuestro ser vibre con el Espíritu de Jesús.
Hoy mucha gente se llama cristiana porque está bautizada en la Iglesia, hace rezos y participa en ritos y rituales. Para la inmensa mayoría de esta gente la fe cristiana es algo que ellos han heredado, y no una decisión que han hecho consciente y responsablemente. Siempre y cuando se reconozcan unos dogmas y se practiquen unas devociones, se dice que uno es cristiano.
El criterio por el cual uno es o no es cristiano NO puede ser meramente los rezos, los ritos, las devociones o los dogmas. Tampoco se es cristiano con sólo seguir ciegamente unos mandamientos o porque hacemos todo lo que nos pide el sacerdote sin ningún discernimiento. En nuestras comunidades hay muchísima gente buena, pero como cristianos son mediocres. Y mientras el mundo esté lleno de gente mediocre en su fe y en su vivencia cotidiana, el Reino de Dios no será una realidad entre nosotros. El reino de Bush o de Fidel o de Chávez serán realidades más palpables que el mismo Reino de Dios. La decisión está en nuestras manos.
El criterio que determina si somos o no somos cristianos mediocres es la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas. Sin el Espíritu Santo no hay vida cristiana. El cristianismo que vivimos muchos bautizados no suscita muchas pasiones, ni genera grandes ilusiones en nuestra sociedad actual. No podemos olvidar que el cristiano es una persona que está habitada por el mismo espíritu que habitó en Jesús. Si nos abrimos a ese Espíritu, éste nos lleva a tener una experiencia fuerte de Jesús y con Jesús. Se puede estar bautizado y hasta confirmado, pero si no se tiene esa experiencia la persona queda vacía y, aunque se auto defina como cristiano, no es cristiano en el estricto sentido de la palabra.
Cuando se tiene esa experiencia fuerte con Jesús, entonces abrimos nuestro corazón a Jesús para que El sea dueño y SEÑOR de nuestra vida. Nuestros amores se convierten en los mismos amores de Jesús: la hermandad, el perdón, la justicia, la paz, la sencillez, la igualdad. . . Jesús amó apasionadamente a los pobres, a los enfermos, a los pecadores, a las mujeres, a los niños y a los despreciados de la sociedad. Todo auténtico cristiano, en vez de confiar en los ídolos –dinero, prestigio, poder, placer, sexo, juegos, etc., pone su confianza en Jesús. Porque ha experimentado en la propia vida cuán misericordioso es el amor de Dios, también él siente necesidad de vivir esa misma misericordia en sus relaciones con los demás.
Celebrar Pentecostés es querer volver a esa experiencia original de los creyentes de la comunidad de fe que estableció Jesús. Es vivir en el mundo sin ser del mundo. Es vivir conscientes y comprometidos con la misión que nos dejó Jesús: “Así como el Padre me envío, así los envío yo... Reciban el Espíritu Santo” (Juan 21,21-22). “Van a recibir la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre ustedes y serán mis testigos... en todos los rincones del mundo” (Hechos 1,8).
“Hombres y mujeres de Galilea, ¿qué hacen ahí mirando al cielo?” (Hechos 1,11). Vivir la experiencia de Pentecostés es reconocer que no podemos quedarnos “enlembao” mirando al cielo, soñando en el más allá. El verdadero cristiano es aquel que en nombre de Jesús vive comprometido con el terruño y la gente donde Dios lo ha puesto. Vive gastando su vida (tiempo, talentos, recursos, energías) para hacer posible “el cielo nuevo y la tierra nueva” que Dios Padre desea para todos nosotros. Es reconocernos co creadores y protagonistas de esta historia que vivimos –y hacer de ella NO historia de condenación sino historia de salvación. |
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| Por P. Miguel García, C.Ss.R |
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| Vivir la experiencia de Pentecostés es reconocer que no podemos quedarnos “enlembao” mirando al cielo, soñando en el más allá. El verdadero cristiano es aquel que en nombre de Jesús vive comprometido con el terruño y la gente donde Dios lo ha puesto |
Se es cristiano viviendo y actuando a la manera de Jesucristo. Y no hay otra manera de vivir y actuar a la manera de Jesús a menos que el Espíritu de Jesús sea el motor de nuestra existencia. No es posible ser cristiano, especialmente en un mundo lleno de injusticias y divisiones, a menos que todo nuestro ser vibre con el Espíritu de Jesús.
Hoy mucha gente se llama cristiana porque está bautizada en la Iglesia, hace rezos y participa en ritos y rituales. Para la inmensa mayoría de esta gente la fe cristiana es algo que ellos han heredado, y no una decisión que han hecho consciente y responsablemente. Siempre y cuando se reconozcan unos dogmas y se practiquen unas devociones, se dice que uno es cristiano.
El criterio por el cual uno es o no es cristiano NO puede ser meramente los rezos, los ritos, las devociones o los dogmas. Tampoco se es cristiano con sólo seguir ciegamente unos mandamientos o porque hacemos todo lo que nos pide el sacerdote sin ningún discernimiento. En nuestras comunidades hay muchísima gente buena, pero como cristianos son mediocres. Y mientras el mundo esté lleno de gente mediocre en su fe y en su vivencia cotidiana, el Reino de Dios no será una realidad entre nosotros. El reino de Bush o de Fidel o de Chávez serán realidades más palpables que el mismo Reino de Dios. La decisión está en nuestras manos.
El criterio que determina si somos o no somos cristianos mediocres es la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas. Sin el Espíritu Santo no hay vida cristiana. El cristianismo que vivimos muchos bautizados no suscita muchas pasiones, ni genera grandes ilusiones en nuestra sociedad actual. No podemos olvidar que el cristiano es una persona que está habitada por el mismo espíritu que habitó en Jesús. Si nos abrimos a ese Espíritu, éste nos lleva a tener una experiencia fuerte de Jesús y con Jesús. Se puede estar bautizado y hasta confirmado, pero si no se tiene esa experiencia la persona queda vacía y, aunque se auto defina como cristiano, no es cristiano en el estricto sentido de la palabra.
Cuando se tiene esa experiencia fuerte con Jesús, entonces abrimos nuestro corazón a Jesús para que El sea dueño y SEÑOR de nuestra vida. Nuestros amores se convierten en los mismos amores de Jesús: la hermandad, el perdón, la justicia, la paz, la sencillez, la igualdad. . . Jesús amó apasionadamente a los pobres, a los enfermos, a los pecadores, a las mujeres, a los niños y a los despreciados de la sociedad. Todo auténtico cristiano, en vez de confiar en los ídolos –dinero, prestigio, poder, placer, sexo, juegos, etc., pone su confianza en Jesús. Porque ha experimentado en la propia vida cuán misericordioso es el amor de Dios, también él siente necesidad de vivir esa misma misericordia en sus relaciones con los demás.
Celebrar Pentecostés es querer volver a esa experiencia original de los creyentes de la comunidad de fe que estableció Jesús. Es vivir en el mundo sin ser del mundo. Es vivir conscientes y comprometidos con la misión que nos dejó Jesús: “Así como el Padre me envío, así los envío yo... Reciban el Espíritu Santo” (Juan 21,21-22). “Van a recibir la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre ustedes y serán mis testigos... en todos los rincones del mundo” (Hechos 1,8).
“Hombres y mujeres de Galilea, ¿qué hacen ahí mirando al cielo?” (Hechos 1,11). Vivir la experiencia de Pentecostés es reconocer que no podemos quedarnos “enlembao” mirando al cielo, soñando en el más allá. El verdadero cristiano es aquel que en nombre de Jesús vive comprometido con el terruño y la gente donde Dios lo ha puesto. Vive gastando su vida (tiempo, talentos, recursos, energías) para hacer posible “el cielo nuevo y la tierra nueva” que Dios Padre desea para todos nosotros. Es reconocernos co creadores y protagonistas de esta historia que vivimos –y hacer de ella NO historia de condenación sino historia de salvación. |
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Por casacristo - 7 de Agosto, 2007, 21:44, Categoría: General
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Suplemento El Visitante
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SUPLEMENTO de 8 páginas en El Visitante
El domingo, 4 de noviembre, tendremos, Dios mediante, un Suplemento en el periódico católico, El Visitante, sobre Casa Cristo Redentor con ocasión de sus 40 años de misión en Puerto Rico. Esperamos que el suplemento contenga mucha información buena sobre la misión que hemos estado realizando a través de estos 40 años y fotos de impacto.
Nos gustaría que el suplemento fuera de 8 lados y, como sabes, eso es costoso. Es por eso que estamos dirigiéndonos a ti para que nos haga una pequeña aportación que nos ayude a echar hacia delante este proyecto. Si deseas puedes comprar un pequeño espacio donde pondremos el logo de su empresa o negocio.
Te agradecemos desde ya tu respuesta generosa. Tu respuesta será de gran apoyo en la misión redentorista que realiza Casa Cristo Redentor en bien de las personas más sufridas de nuestra patria.
Puede enviar su donativo a: Casa Cristo Redentor –Suplemento El Visitante –Apartado 8 –Aguas Buenas, PR 00703.
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Por casacristo - 7 de Agosto, 2007, 21:42, Categoría: General
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Creer en la Resurrección hoy
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Casa Cristo Redentor
Misioneros Redentoristas
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Creer en la Resurrección hoy |
| Por P. Miguel García, C.Ss.R |
Fuente: www.casacristo.com |
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| Es creer en el poder de Dios que actúa en los pequeños e indefensos; Es creer que la lucha a favor de la vida de los pobres y desvalidos es mucho más fuerte que las bombas más poderosas de cualquier nación o pueblo. Es creer que hasta de lo más débil y frágil, Dios puede hacer surgir algo nuevo |
Celebrar la Pascua NO es cuestión de recordar el acontecimiento que cambió el rumbo de la historia humana. Celebrar la Pascua es nosotros injertarnos en ese movimiento que grita a este mundo injusto que otra sociedad sí es posible; que otra manera de relacionarnos sí es posible; que otra manera de vivir y compartir sí es posible. Que la misericordia, el perdón, la ternura y el servicio en bien de los más necesitados es el camino a la vida abundante de Dios. Gritar al mundo que la guerra, la violencia, la arrogancia, la opresión y la exclusión sólo engendran miedo y muerte entre los pueblos y la familia humana.
Para nosotros los cristianos la Resurrección es la respuesta de Dios ante un Jesús de Nazaret que parecía ser todo un fracaso. Ante el vil asesinato de Jesús, planificado y ejecutado por las autoridades políticas y religiosas, Dios no pudo permanecer callado; Dios rompió su silencio para decirles a los verdugos de todos los tiempos que ellos no tendrán la última palabra. Con la resurrección de su Hijo Dios manifiesta al mundo que la solidaridad y el amor, que el perdón y la misericordia, que la fraternidad y la igualdad prevalecerán sobre el poder económico y el poder religioso. La resurrección de Jesús es el grito de Dios a toda la humanidad de que la maldad, la violencia, la guerra y la muerte de los fuertes sobre los débiles, de los grandes sobre los pequeños, jamás triunfarán sobre la tierra. Los poderosos de este mundo podrán cantar victoria, pero su triunfo será efímero; sobre ellos caerá su merecido en su debido tiempo.
Creer en la Resurrección NO es creer en un hecho pasado. La victoria de Jesús NO se puede reducir a una acción pasada. Celebrar la Pascua NO es recordar un acontecimiento del pasado como recordamos el día de la bandera o el cumpleaños de un personaje histórico. Celebrar la Pascua es tomar conciencia de que también nosotros estamos llamados a resucitar a una vida nueva. La victoria de Jesús continúa HOY en todo creyente que es capaz de abrirse al poder de Dios. Creer en la Resurrección ES creer en la acción de Dios en la historia; Es creer en el poder de Dios que actúa en los pequeños e indefensos; Es creer que la lucha a favor de la vida de los pobres y desvalidos es mucho más fuerte que las bombas más poderosas de cualquier nación o pueblo. Es creer que hasta de lo más débil y frágil, Dios puede hacer surgir algo nuevo. Hasta la persona más aplastada por el pecado, Dios puede levantarla y convertirla en discípulo.
Creer en la Resurrección es ser capaz de romper con la mezquindad y la mediocridad que todavía queda en nosotros. Es poner la fraternidad por encima de rituales, por encima de movimientos y grupos, por encima de tantas pequeñeces que con frecuencia nos apartan unos de los otros. Es sentir que pertenezco a la comunidad cristiana; que en ella soy acogido y amado; que en mí no hay exclusión para nadie. Es echar fuera de mí todo egoísmo, toda hipocresía, todo orgullo, todo miedo, todo aquello que no me deja ser yo mismo. Es sabernos protagonistas de esta historia, injertados y sumergidos en el camino de Jesús. Un camino que es de lucha, pero también de esperanza y amor. Un camino que da plenitud al hombre y a la mujer y nos abre al gozo de la creación, liberándonos de la maldad para conducirnos hacia la gran fiesta del Reino eterno.
Vivir la resurrección hoy es vivir perdonando al que me ofendió, levantando al caído, acompañando y escuchando al que se siente solo; vivir la resurrección es confiar en el joven y apoyarlo para que sea protagonista de su propia historia. ES denunciar todas las estructuras, sean políticas, sociales, económicas o religiosas, que pongan sus intereses por encima de la persona. Es luchar contra todo aquello que oprime, esclaviza, margina y quita la VIDA a las personas. Es vivir nuestra vida cotidiana en clave de misericordia, ternura y compasión. Es hacer posible una verdadera unidad de todos los que nos sentimos llamados a vivir el evangelio de Jesús. Son las relaciones de misericordia las que hacen posible la solidaridad, y es la solidaridad la que hace posible la fraternidad y la paz en el hogar y en la sociedad.
La Resurrección de Cristo nos da a todos los creyentes el poder para romper los lazos del egoísmo y de la maldad que nos atan para ser hombres y mujeres verdaderamente libres. La Resurrección de Cristo hace posible que nosotros rompamos con nuestra vieja manera de pensar y sentir para comenzar a pensar a la manera de Dios; para que podamos ver la realidad sufrida de nuestro pueblo como Dios la ve, y para que podamos amar al prójimo, y en especial el prójimo necesitado, como Dios los ama.
¡Qué María, la Señora de la Pascua, nos ayude a vivir como hombres y mujeres resucitados con Cristo y seamos buenos comunicadores de la esperanza y de la alegría que tanto necesita nuestro pueblo hoy! |
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Creer en la Resurrección hoy |
| Por P. Miguel García, C.Ss.R |
Fuente: www.casacristo.com |
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| Es creer en el poder de Dios que actúa en los pequeños e indefensos; Es creer que la lucha a favor de la vida de los pobres y desvalidos es mucho más fuerte que las bombas más poderosas de cualquier nación o pueblo. Es creer que hasta de lo más débil y frágil, Dios puede hacer surgir algo nuevo |
Celebrar la Pascua NO es cuestión de recordar el acontecimiento que cambió el rumbo de la historia humana. Celebrar la Pascua es nosotros injertarnos en ese movimiento que grita a este mundo injusto que otra sociedad sí es posible; que otra manera de relacionarnos sí es posible; que otra manera de vivir y compartir sí es posible. Que la misericordia, el perdón, la ternura y el servicio en bien de los más necesitados es el camino a la vida abundante de Dios. Gritar al mundo que la guerra, la violencia, la arrogancia, la opresión y la exclusión sólo engendran miedo y muerte entre los pueblos y la familia humana.
Para nosotros los cristianos la Resurrección es la respuesta de Dios ante un Jesús de Nazaret que parecía ser todo un fracaso. Ante el vil asesinato de Jesús, planificado y ejecutado por las autoridades políticas y religiosas, Dios no pudo permanecer callado; Dios rompió su silencio para decirles a los verdugos de todos los tiempos que ellos no tendrán la última palabra. Con la resurrección de su Hijo Dios manifiesta al mundo que la solidaridad y el amor, que el perdón y la misericordia, que la fraternidad y la igualdad prevalecerán sobre el poder económico y el poder religioso. La resurrección de Jesús es el grito de Dios a toda la humanidad de que la maldad, la violencia, la guerra y la muerte de los fuertes sobre los débiles, de los grandes sobre los pequeños, jamás triunfarán sobre la tierra. Los poderosos de este mundo podrán cantar victoria, pero su triunfo será efímero; sobre ellos caerá su merecido en su debido tiempo.
Creer en la Resurrección NO es creer en un hecho pasado. La victoria de Jesús NO se puede reducir a una acción pasada. Celebrar la Pascua NO es recordar un acontecimiento del pasado como recordamos el día de la bandera o el cumpleaños de un personaje histórico. Celebrar la Pascua es tomar conciencia de que también nosotros estamos llamados a resucitar a una vida nueva. La victoria de Jesús continúa HOY en todo creyente que es capaz de abrirse al poder de Dios. Creer en la Resurrección ES creer en la acción de Dios en la historia; Es creer en el poder de Dios que actúa en los pequeños e indefensos; Es creer que la lucha a favor de la vida de los pobres y desvalidos es mucho más fuerte que las bombas más poderosas de cualquier nación o pueblo. Es creer que hasta de lo más débil y frágil, Dios puede hacer surgir algo nuevo. Hasta la persona más aplastada por el pecado, Dios puede levantarla y convertirla en discípulo.
Creer en la Resurrección es ser capaz de romper con la mezquindad y la mediocridad que todavía queda en nosotros. Es poner la fraternidad por encima de rituales, por encima de movimientos y grupos, por encima de tantas pequeñeces que con frecuencia nos apartan unos de los otros. Es sentir que pertenezco a la comunidad cristiana; que en ella soy acogido y amado; que en mí no hay exclusión para nadie. Es echar fuera de mí todo egoísmo, toda hipocresía, todo orgullo, todo miedo, todo aquello que no me deja ser yo mismo. Es sabernos protagonistas de esta historia, injertados y sumergidos en el camino de Jesús. Un camino que es de lucha, pero también de esperanza y amor. Un camino que da plenitud al hombre y a la mujer y nos abre al gozo de la creación, liberándonos de la maldad para conducirnos hacia la gran fiesta del Reino eterno.
Vivir la resurrección hoy es vivir perdonando al que me ofendió, levantando al caído, acompañando y escuchando al que se siente solo; vivir la resurrección es confiar en el joven y apoyarlo para que sea protagonista de su propia historia. ES denunciar todas las estructuras, sean políticas, sociales, económicas o religiosas, que pongan sus intereses por encima de la persona. Es luchar contra todo aquello que oprime, esclaviza, margina y quita la VIDA a las personas. Es vivir nuestra vida cotidiana en clave de misericordia, ternura y compasión. Es hacer posible una verdadera unidad de todos los que nos sentimos llamados a vivir el evangelio de Jesús. Son las relaciones de misericordia las que hacen posible la solidaridad, y es la solidaridad la que hace posible la fraternidad y la paz en el hogar y en la sociedad.
La Resurrección de Cristo nos da a todos los creyentes el poder para romper los lazos del egoísmo y de la maldad que nos atan para ser hombres y mujeres verdaderamente libres. La Resurrección de Cristo hace posible que nosotros rompamos con nuestra vieja manera de pensar y sentir para comenzar a pensar a la manera de Dios; para que podamos ver la realidad sufrida de nuestro pueblo como Dios la ve, y para que podamos amar al prójimo, y en especial el prójimo necesitado, como Dios los ama.
¡Qué María, la Señora de la Pascua, nos ayude a vivir como hombres y mujeres resucitados con Cristo y seamos buenos comunicadores de la esperanza y de la alegría que tanto necesita nuestro pueblo hoy! |
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Por casacristo - 3 de Abril, 2007, 13:59, Categoría: General
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El Ayuno
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El Ayuno |
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Por P. Miguel García, C.Ss.R |
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Ayuna de juzgar a otros, descubre a Cristo que vive en ellos.
Ayuna de palabras hirientes, llénate de frases sanadoras.
Ayuna de descontento, llénate de gratitud.
Ayuna de enojos, llénate de paciencia.
Ayuna de pesimismo, llénate de esperanza cristiana.
Ayuna de preocupaciones, llénate de confianza en Dios.
Ayuna de quejarte, llénate de aprecio por lo maravillosa que es la vida.
Ayuna de las presiones, llénate de una oración que no cesa.
Ayuna de amargura, llénate de perdón.
Ayuna de darte importancia a ti mismo, llénate de compasión por los demás.
Ayuna de ansiedad sobre tus cosas, comprométete en la propagación del reino
Ayuna de desaliento, llénate de entusiasmo de la fe.
Ayuna de pensamientos mundanos, llénate de las verdades que fundamentan la santidad.
Ayuna de todo lo que te separe de Jesús, llénate de todo lo que a EL te acerque. Ayuna de juzgar a otros, descubre a Cristo que vive en ellos.
Ayuna de palabras hirientes, llénate de frases sanadoras.
Ayuna de descontento, llénate de gratitud.
Ayuna de enojos, llénate de paciencia.
Ayuna de pesimismo, llénate de esperanza cristiana.
Ayuna de preocupaciones, llénate de confianza en Dios.
Ayuna de quejarte, llénate de aprecio por lo maravillosa que es la vida.
Ayuna de las presiones, llénate de una oración que no cesa.
Ayuna de amargura, llénate de perdón.
Ayuna de darte importancia a ti mismo, llénate de compasión por los demás.
Ayuna de ansiedad sobre tus cosas, comprométete en la propagación del reino
Ayuna de desaliento, llénate de entusiasmo de la fe.
Ayuna de pensamientos mundanos, llénate de las verdades que fundamentan la santidad.
Ayuna de todo lo que te separe de Jesús, llénate de todo lo que a EL te acerque. |
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Por P. Miguel García, C.Ss.R |
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Ayuna de juzgar a otros, descubre a Cristo que vive en ellos.
Ayuna de palabras hirientes, llénate de frases sanadoras.
Ayuna de descontento, llénate de gratitud.
Ayuna de enojos, llénate de paciencia.
Ayuna de pesimismo, llénate de esperanza cristiana.
Ayuna de preocupaciones, llénate de confianza en Dios.
Ayuna de quejarte, llénate de aprecio por lo maravillosa que es la vida.
Ayuna de las presiones, llénate de una oración que no cesa.
Ayuna de amargura, llénate de perdón.
Ayuna de darte importancia a ti mismo, llénate de compasión por los demás.
Ayuna de ansiedad sobre tus cosas, comprométete en la propagación del reino
Ayuna de desaliento, llénate de entusiasmo de la fe.
Ayuna de pensamientos mundanos, llénate de las verdades que fundamentan la santidad.
Ayuna de todo lo que te separe de Jesús, llénate de todo lo que a EL te acerque. Ayuna de juzgar a otros, descubre a Cristo que vive en ellos.
Ayuna de palabras hirientes, llénate de frases sanadoras.
Ayuna de descontento, llénate de gratitud.
Ayuna de enojos, llénate de paciencia.
Ayuna de pesimismo, llénate de esperanza cristiana.
Ayuna de preocupaciones, llénate de confianza en Dios.
Ayuna de quejarte, llénate de aprecio por lo maravillosa que es la vida.
Ayuna de las presiones, llénate de una oración que no cesa.
Ayuna de amargura, llénate de perdón.
Ayuna de darte importancia a ti mismo, llénate de compasión por los demás.
Ayuna de ansiedad sobre tus cosas, comprométete en la propagación del reino
Ayuna de desaliento, llénate de entusiasmo de la fe.
Ayuna de pensamientos mundanos, llénate de las verdades que fundamentan la santidad.
Ayuna de todo lo que te separe de Jesús, llénate de todo lo que a EL te acerque. |
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Por casacristo - 20 de Febrero, 2007, 18:14, Categoría: General
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